Quizá

Un lector perspicaz solicita que hablemos de quizá, «quizá» porque sabe que su etimología, aunque única, ha dado dos frecuencias de uso: quizá y quizás, causa de tribulación para algunos correctores. Y, en efecto, merece una breve consideración.

El adverbio quizá procede de dos palabras latinas que denotaban dubitación o duda; o, como define el DRAE, «la posibilidad de que ocurra o sea cierto lo que se expresa». Nos vino del latín qui sapit, ‘quién sabe’, aunque todavía el Diccionario de Autoridades, remitiéndose a Covarrubias, ignoraba esta etimología, ya que no el significado. En Aut. leemos: «Quizá o quizás. Adv. Lo mismo que ‘acaso’, ‘por ventura’. Covarr. dice que es vocablo antiguo, y que otros juzgan viene del italiano Qui sá, que vale ‘Quién sabe’». Una evolución posible sería: qui sapit > qui çabe > quiçab > quiçá, aunque Corominas no evita relatar lo azaroso y problemático de su recorrido, y sintetiza así: «Quizá, reducción del antiguo quiçab y qui çabe, que es alteración de qui sabe ‘quién sabe’. 1.ª doc.: quiçab, Cid, 2500». Y remite a un pasaje del Corbacho (II,12), de Alfonso Martínez de Toledo, en que, a mediados del siglo xv, quiçá todavía significa ‘quién sabe’: «¡Quiçá si piensan que non somos para plaça mejor que non ellas!», es decir, «¡Quién sabe si piensan…» (véase en Castalia, 1970, pág. 170).

En todo caso, su etimología nos indica una vez más que la presión de la escritura acabó pervirtiendo la fonética: qui sabe debería habernos dado la pronunciación quisá (que, transcrita quiçá, es como se pronunciaría en el xvi y xvii), pero el ceceo asignado al grafema z cuando sustituyó a la ç acabó con la fonética original, como ya vimos en el caso de cónyugue/cónyuge. Que esto es así lo testifica una redondilla de Lope de Vega, en El castigo sin venganza, en la que juega con el vocablo de este modo:

Hoy te doy, mañana no,
quizá te daré después…
Yo no sé quizá quién es;
mas sé que nunca quizó (vv. 2788-91).

Es evidente que para mantener el juego de palabras entre quizá y quizó era preciso una homofonía entre quisá/quisó/quiso, como por lo demás ya ha sido anotado en distintas ediciones de Lope.

Pero todavía hay otra dubitación o duda, que expone en sus justos términos Corominas: «En cuanto a las dos formas quizá y quizás, esta es mucho más tardía, y tiene una -s adverbial agregada: véase una copiosa estadística de ambas en una cincuentena de autores clásicos y algunos medievales, publicada en RABM 1875, 28: según estos datos, quizás no aparece hasta fines del s. xvi, en Sta. Teresa (a excepción de un ej. aislado y no fidedigno en el Libro de los Gatos), y es evidente que los clásicos la consideraban forma vulgar, resabio que todavía no ha perdido completamente».

Los clásicos la consideraban forma vulgar… Quizá. De hecho, Cervantes nunca usa quizás, y sí unas 240 veces quizá. Pero que las dos formas convivieron lo atestigua un texto humorístico de Quevedo, la Perinola, donde puede leerse: «Pues las voces quizá y quizás, y plegue y pluguiera son de las que la escoba barre de los escritos que no son de Boceguillas» (Prosa festiva, Cátedra, 1993, pág. 491). Una vez usa Ercilla quizás en la Araucana, frente a ocho quizá —«que quizás la tendrán por sospechosa» (IV, v. 38), y nunca mejor dicho—, y así es difícil saber si es voluntad del autor o capricho del cajista, sobre todo teniendo en cuenta que no necesitaba la -s final para la métrica. Del mismo modo, cabe preguntarse por qué Tirso, que suele utilizar quizá, tenga quizás en el v. 1045 de Don Gil de las calzas verdes, cuando también era innecesario para la métrica: «Si te pierdes / quizás te pregonará».

Y es que con los poetas hay que tener cuidado, porque quizá en vez de quizás puede ser útil para una sinalefa, y quizás en vez de quizá, para evitarla. Así por ejemplo, en el verso de La vida es sueño: «porque quizá estás soñando, / aunque ves que estás despierto» (vv. 1530-31), el quizá es necesario para la correcta medida del octosílabo, como lo es en «y no, por verte ya de todos dueño, / seas crüel, porque quizá es un sueño» (vv. 1678-79), para la del endecasílabo. En La dama boba, Lope necesita quizá para la rima en estos versos:

Clara. ¡Sabia estás!
Finea.                        Aprendo ya;
que me enseña Amor, quizá,
con lecciones de cuidados (vv. 1458-60).

Pero lo cierto es que tanto Calderón como Lope tienen preferencia por quizá frente a quizás.

Con el siglo xviii quizás emerge sin complejos y se propaga por todo el xix. Todavía el P. Feijoo emplea mayoritariamente quizá, pero en Luzán (1702-1754), que al fin y al cabo es un teórico de La Poética y miembro honorario de la RAE, ambas formas conviven a partes iguales. También en la Pardo Bazán, ya más de un siglo después. Sin embargo, mientras Menéndez Pelayo casi siempre usa quizá, en Galdós predomina abrumadoramente quizás sobre quizá, en una proporción de siete a uno o superior. En menor proporción, también en Alarcón sobresale quizás, aunque sin renegar de quizá. En Valera, al revés.

El DRAE sigue prefiriendo quizá a quizás. En la pluma finísima y afilada de Ana de la Robla nunca aparece el rasgo de la -s. Pero ¿puede decirse que es «vulgar» una forma que utilizan con no poca frecuencia plumas como las de Arguedas, Asturias, Ayala, Cabrera Infante, Cela, Donoso, Carlos Fuentes, Gómez de la Serna, Dulce María Loynaz, Marsé, Pérez de Ayala, Unamuno, Vargas Llosa y muchos más? Chi lo sa!

2 Comentarios

  1. Ana de la Robla dice:

    Gracias, maestro, por la cita y por la excelsa compañía en que me coloca. En todo caso, para mí ‘quizás’ tiene una connotación de cierre: me gusta como expresión aislada (“Quizás, quizás, quizás”) o como fin de oración, menos de forma intercalada. Por supuesto, en verso tiene importancia esencial una forma o la otra. Pero no deja de ser grato que exista una palabra libre -por elegible- del yugo de la corrección inflexible.
    (Bobadas de poeta).

    • OportetEditores dice:

      Gracias, más bien, a quien siempre tiene «la antorcha en el oído». Es evidente que su finísimo oído de poeta le permitirá colocar la sibilante donde mejor le cuadre o silbe, y sé que siempre acertará. Los conservadores de la métrica redonda tenemos, por ejemplo, cierta prevención contra el endecasílabo agudo (apto para la broma y el escarnio): y sin embargo Unamuno cerró con endecasílabos agudos los capítulos de El Cristo de Velázquez, y no seré yo quien se lo reproche. Gracias, admirada.

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