Palencia. Las Puentecillas

En la ciudad de Palencia hay un puente, llamado las Puentecillas, que comunica la catedral con el Sotillo de los Canónigos. Dicen los libros que tiene origen romano, aunque fue reconstruido en el siglo XI y reformado en el XVI.

Las Puentecillas tiende perezosamente sobre el agua sus seis grandes arcos de buena sillería que dibujan una línea algo quebrada en los pretiles. Es un puente largo y estrecho, cuyas piedras evocan tiempos de pláticas distendidas, comentarios amables y quiebro de sotanas. Todo en un ambiente de sonrisas abiertas, de rostros apacibles, de panzas bien abastecidas, de paladares acariciados por el regusto del chocolate con picatostes. Y enmarcado dentro de una conversación que estimulaba la apostilla ingeniosa, el comentario mordaz o la réplica brillante.

Tras las estrecheces iniciales, el puente se abre cada pocos metros ―justo en los puntos donde están los tajamares― como si se convirtiera en un púlpito que invitara a examinar la quietud de la corriente, reposar el fragor de las controversias, debatir los sucesos de la actualidad. En esos lugares se puede revivir el descanso de los clérigos, ocupados en examinar a hurtadillas el buen corte de los paños, el brillo de los zapatos con hebilla, el perfecto alineamiento de los botones en un lateral de la sotana.

Casi en el centro, el puente se amplía de forma más rotunda, abiertamente conciliar, como un ágora de sillería sobre el agua. De allí parte una desviación que conduce al sotillo. Un sotillo antaño frecuentado por canónigos y hoy convertido en parque donde los árboles incuban leyendas y rumores.

Foto6Palencia. Las Puentecillas

 

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