Digresión

Digresión es otra más de esas palabras que testifican nuestra inequívoca descendencia del latín. Apenas se ha movido de su origen: digressio. En latín, digressio viene del verbo digredior, que (de di- y gradior, ‘andar, marchar’) significa ‘separarse, apartarse, alejarse, salir’. De ese modo, la digresión es una separación, un alejamiento del camino trazado. El perro Cipión del Coloquio cervantino se lo dirá a su colega Berganza expresamente: «Sigue tu historia y no te desvíes del camino carretero con impertinentes digresiones». Y así el DRAE define la digresión como un «efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando». (Es ocioso añadir —casi una digresión— que de los compuestos de gradior han salido palabras como agresión, transgresión, ingreso, congreso, progreso, regreso y demás familia).

Como tal alejamiento del asunto, la digresión, si no es inteligente, puede ser causa de perturbación y enojo. De ese modo, aunque solo sea por humildad retórica, los autores que las usan suelen acompañarlas de disculpas o justificaciones. Mateo Alemán empieza un capítulo del Guzmán de Alfarache con un «Larga digresión he hecho y enojosa» (I, 2,4). Y Quevedo se justifica en su Anacreón castellano: «Larga ha sido la digresión, mas forzosa para dar razón de mi traducción de Ovidio» (XLVI).

Podríamos abandonar este rincón sin más de no ser por una -s- insidiosa que a veces se filtra en péñolas bien cortadas, como la de un mi amigo, que ha escrito una ingeniosa «Crónica breve con dos pájaros de un tiro y una disgresión interesada». Es el caso que, como hemos visto, el verbo digredior latino lleva la preposición inseparable di-. En realidad, la preposición era dis-, pero a veces la s se asimilaba con la consonante siguiente, como en difficilis, o sencillamente desaparecía, aunque dejaba su señal convirtiendo en larga la vocal i, como en dilabor, dimoveo, diduco o digredior… Y esa ese de la preposición inseparable debió de quedar en la memoria de tal modo que el gran Enrique de Villena (1384-1434) usa más de diez veces disgresión en su Traducción y glosas de la Eneida. Por ejemplo cuando, al comienzo del capítulo V, intenta explicar precisamente lo que es una digresión: «Aquí faze disgresión, que es una de las maneras ampliativas de la cosa contada, introduziendo nueva materia antes de acabar la començada».

Es un error frecuente en la lengua hablada, si bien mucho menos en la escrita, salvo en periodistas inanes. Con todo, quizá por las grietas de la inercia, incluso a Torrente Ballester (o a sus mecanógrafos o correctores) se le coló una vez en el Don Juan: «Si el espacio de que dispone el periodista es limitado, no creo que le interese una disgresión taurina» (Destinolibro, Barcelona, 1978, pág. 258). Y si al autor de la Saga/fuga se le coló, no veo por qué no se le puede disculpar al tal mi amigo.

Pero acabo aquí, no se me vaya a incrustar a mí una ese por digresor, si no por transgresor.

4 Comentarios

  1. Paco dice:

    Buena entrada y muy bien ilustrada.
    Salud.

    • OportetEditores dice:

      Agradecido por la memoria de tan fino atisbador. De no ser por miedo a otra digresión, pediría alabanzas, como Cide Hamete Benengeli, no por lo dicho, sino por lo que se ha dejado de decir.

  2. silvino pascual dice:

    Los rétores clásicos, como alarde de erudición, solían hacer alguna digresión, que terminaban con ad rem redeamus, nunc ad inceptum redeo, redeo ad propositum, illuc redeamus u otra fórmula parecida para indicar que retomaban el tema principal y que la digresión se daba por concluída. Pero todo esto es también una digresión y, ante público tan culto, ningún alarde de erudición. ¡Qué más quisiera el gato/ que lamer del plato!
    Saludos.

    • OportetEditores dice:

      Está muy bien ese redeo. Dan ganas de hacer una traducción fácil del tipo «volver al redil». No en vano los franceses, desde La Farce du Maître Pathelin, utilizan la expresión revenons-en à nos moutons —popularizada un siglo después por Rabelais—, para volver al «camino carretero». Así que, si no al redil, «volvamos a nuestros corderos».

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